La dificultad de España para abordar reformas estructurales en ámbitos como la educación, la vivienda o la productividad suele atribuirse a la incapacidad de la clase política. Sin embargo, Benito Arruñada, economista, catedrático de Organización de Empresa de la Universitat Pompeu Fabra y autor del libro La culpa es nuestra, plantea una tesis diferente: los políticos, en gran medida, responden a las preferencias de los ciudadanos, aunque estas sean contradictorias con los objetivos que la propia sociedad dice perseguir.
Durante su entrevista en Tinku Economía con Martín Gallart, Arruñada explicó por qué considera que el verdadero origen del estancamiento económico español reside en las decisiones colectivas de la sociedad y no exclusivamente en quienes gobiernan.
Los políticos reflejan las preferencias de los ciudadanos
El punto de partida del libro es una idea que rompe con el discurso habitual. Según Arruñada, el sistema político funciona razonablemente bien como mecanismo para transformar las preferencias sociales en políticas públicas. El problema aparece cuando esas preferencias son inconsistentes o incompatibles entre sí.
A su juicio, los ciudadanos desean mejores servicios públicos, una vivienda más asequible o una educación de mayor calidad, pero al mismo tiempo respaldan medidas que dificultan alcanzar esos objetivos. Esa contradicción termina condicionando la actuación de los responsables políticos, que encuentran enormes dificultades para impulsar reformas impopulares aunque sean necesarias.
El economista considera que resulta cómodo responsabilizar únicamente a los gobiernos, pero sostiene que las decisiones políticas están limitadas por el respaldo electoral y por las exigencias de una sociedad que, frecuentemente, rechaza los costes asociados a las reformas.
Un país instalado en el estancamiento
Arruñada señaló que España lleva más de dos décadas mostrando síntomas de estancamiento económico. Aunque el PIB continúa creciendo impulsado en parte por el aumento de la población y la llegada de trabajadores inmigrantes, considera que el bienestar individual apenas mejora.
Desde su perspectiva, la productividad permanece prácticamente en niveles de finales del siglo pasado y la economía española no genera suficiente riqueza por habitante para converger con los países más dinámicos de Europa.
El profesor sostiene que este comportamiento no es casual, sino la consecuencia lógica de unas preferencias sociales que priorizan el bienestar inmediato frente a las reformas que aumentarían la competitividad a largo plazo.
Una educación orientada al consumo y no al esfuerzo
Uno de los capítulos más extensos de la conversación estuvo dedicado al sistema educativo español, que Arruñada calificó como profundamente deteriorado.
El economista explicó que, durante décadas, las sucesivas reformas educativas han seguido una misma dirección: convertir la educación en un bien de consumo más que en una inversión para el futuro.
En su opinión, muchos centros educativos han situado como prioridad que el alumno disfrute de la experiencia académica, relegando a un segundo plano la adquisición rigurosa de conocimientos y la cultura del esfuerzo.
Criticó igualmente la reducción de los estándares de evaluación, la promoción automática de alumnos y la pérdida de importancia de la memoria y la exigencia académica.
Arruñada considera especialmente revelador que esta tendencia también esté presente en la enseñanza privada, lo que demuestra, según explicó, que responde a una demanda social y no únicamente a decisiones políticas.
Más titulaciones no significan mejor preparación
Durante la entrevista también cuestionó uno de los mensajes más repetidos en los últimos años: que los jóvenes actuales constituyen la generación mejor preparada de la historia.
Para Arruñada, España ha producido una generación con más títulos académicos, pero no necesariamente con mejores conocimientos ni mejores actitudes para incorporarse al mercado laboral.
A su juicio, el sistema ha fomentado una inflación de titulaciones que posteriormente genera frustración cuando el mercado no recompensa esas credenciales con empleos acordes.
El profesor defendió que el problema no reside únicamente en la formación técnica, sino también en la pérdida de valores relacionados con el esfuerzo, la responsabilidad y la meritocracia, elementos que considera esenciales para aumentar la productividad.
La reforma educativa que no logró consolidarse
Al analizar la evolución legislativa de la educación en España, Arruñada afirmó que prácticamente todas las leyes educativas han mantenido una orientación similar.
No obstante, hizo una excepción con la reforma aprobada en 2012, que, según explicó, trató de recuperar mayores niveles de exigencia académica mediante medidas como las evaluaciones externas.
Sin embargo, recordó que aquella reforma apenas tuvo recorrido debido a la fuerte oposición de distintos colectivos y al escaso respaldo social que encontró.
Para el economista, ese episodio demuestra nuevamente que las reformas fracasan cuando la sociedad no está dispuesta a asumir sus costes políticos.
La vivienda: un problema provocado por la falta de oferta
Otro de los grandes asuntos abordados fue el acceso a la vivienda.
Arruñada defendió que el origen del problema no está en la demanda, sino en la insuficiente oferta de viviendas disponibles.
Criticó especialmente las regulaciones sobre el mercado del alquiler, que, según explicó, han reducido la oferta disponible al disminuir los incentivos para los propietarios.
Como ejemplo, mencionó la reciente liberalización del mercado del alquiler en Argentina, que, según indicó, permitió recuperar rápidamente parte de la oferta.
Licencias, regulación e impuestos frenan la construcción
El economista identificó diversos factores que, en su opinión, limitan el desarrollo del mercado inmobiliario español.
Entre ellos destacó la lentitud en la concesión de licencias urbanísticas, los elevados estándares regulatorios que incrementan significativamente los costes de construcción y las limitaciones urbanísticas que dificultan aumentar la densidad de las ciudades.
Propuso facilitar la construcción en altura en determinadas zonas urbanas y replantear el uso de numerosos edificios públicos infrautilizados que podrían destinarse a vivienda.
Según Arruñada, muchas ciudades mantienen importantes reservas de suelo y edificios con escasa utilización mientras continúan sufriendo una fuerte escasez de vivienda.
Una fiscalidad que penaliza la movilidad residencial
Uno de los argumentos más desarrollados durante la conversación fue el papel de la fiscalidad.
Arruñada sostuvo que España grava excesivamente las compraventas de vivienda mediante impuestos sobre transmisiones patrimoniales, actos jurídicos documentados, plusvalías municipales y otros tributos asociados.
En cambio, considera que la tributación sobre la mera tenencia de la vivienda resulta comparativamente reducida.
A su juicio, este diseño fiscal incentiva que muchos propietarios prefieran conservar inmuebles vacíos antes que venderlos, reduciendo aún más la oferta disponible.
Como ejemplo, citó el elevado porcentaje de viviendas vacías existente en ciudades como Barcelona, que interpreta como una importante ineficiencia económica.
Las reformas solo llegarán cuando cambien las preferencias sociales
A lo largo de toda la entrevista, Arruñada insistió en una misma idea: cambiar de gobierno o incluso modificar las instituciones políticas no resolverá por sí solo los problemas estructurales del país.
Mientras las preferencias de los ciudadanos continúen siendo contradictorias, considera que los incentivos políticos seguirán conduciendo a decisiones similares.
Desde su perspectiva, la transformación comienza por una mayor responsabilidad colectiva y por asumir que muchas reformas exigen sacrificios a corto plazo para obtener beneficios futuros.
Emprender significa resolver problemas de otros
Como mensaje final dirigido a los jóvenes emprendedores, Arruñada resumió su visión sobre la empresa con una idea sencilla.
Afirmó que la economía de mercado funciona porque los empresarios generan valor resolviendo problemas de sus clientes y no buscando únicamente su propio beneficio.
Por ello, animó a los futuros emprendedores a construir negocios orientados al servicio y a la creación de valor, alejándose de modelos basados en la captura de rentas o en la dependencia de ayudas públicas.
Para el catedrático, el auténtico propósito empresarial consiste en identificar necesidades reales y ofrecer soluciones útiles para la sociedad.



































