La industria farmacéutica es uno de los grandes desconocidos de la economía española y, sin embargo, uno de sus motores más productivos. Así lo defendió Pedro Luis Sánchez García, Director del Departamento de Asuntos Económicos de Farmaindustria, en su paso por Tinku Healthcare, el programa de Tinku Televisión especializado en las industrias farmacéutica, biotecnológica y healthtech que presenta Fernando Abadía. En la conversación desgranó, dato a dato, por qué un sector relativamente pequeño en tamaño se ha convertido en pieza clave para la competitividad del país y para la sostenibilidad del estado del bienestar.
Un sector que exporta el 80% de lo que produce
El punto de partida son las cifras de producción. Según explicó Sánchez García, España cuenta con 181 plantas de producción de productos farmacéuticos, de las cuales 111 fabrican medicamentos de uso humano. Ese tejido industrial mueve un volumen de facturación anual cercano a los 20.000 millones de euros, de los cuales el 80% se destina a la exportación. El dato que, a su juicio, más desconoce el gran público es la posición del medicamento en la balanza comercial: «el medicamento es el quinto producto más exportado de la economía española», solo por detrás de los automóviles y otros materiales, con un volumen de exportaciones que supera los 17.000 millones de euros.
Más allá del volumen, el directivo de Farmaindustria puso el foco en la calidad de esa producción. Aproximadamente la mitad de esos 20.000 millones es valor añadido puro del sector. Al repartir ese valor entre el número de empleados o de horas trabajadas, la industria farmacéutica se sitúa como el segundo sector industrial con mayor productividad de la economía española, únicamente por detrás del refino de petróleo. En un país cuya principal debilidad estructural ha sido históricamente la baja productividad, subrayó, contar con un sector de estas características resulta especialmente valioso. Sumando el valor añadido directo, indirecto e inducido, la aportación se acerca al 2% del PIB nacional.
España, líder europeo en ensayos clínicos
La segunda gran pata de la contribución del sector es la investigación. La industria farmacéutica invierte en España en torno a los 1.600 millones de euros anuales en I+D, y el 60% de esa cantidad se dedica a investigación clínica, es decir, a ensayos clínicos. El resultado, según detalló Sánchez García, es que España es hoy líder en Europa en número de ensayos clínicos autorizados, situándose en muchos casos solo por detrás de Estados Unidos y por delante de países de mayor población como Alemania o Francia.
Ese liderazgo, matizó, no es fruto del azar sino de un trabajo conjunto: el esfuerzo de las compañías farmacéuticas por atraer investigación, la labor tractora de la Agencia Española de Medicamentos y la excelente red de hospitales y centros de investigación del país. Para dimensionar la cifra, el economista ofreció una comparación reveladora: esos 1.600 millones representan cerca del 20% de toda la I+D que realiza el conjunto de sectores industriales en España. Dicho de otro modo, «uno de cada cinco euros que se invierte en España en I+D lo invierten las compañías farmacéuticas».
Tres cuartas partes del aumento de la esperanza de vida
¿En qué se traduce toda esa inversión? Para Sánchez García, fundamentalmente en medicamentos innovadores que mejoran la salud de la población, un impacto que además puede medirse. Citando estimaciones de economistas, señaló que en los países desarrollados en torno al 73% del aumento de la esperanza de vida se debe a la aportación positiva de los nuevos medicamentos. En el caso concreto del cáncer, recordó el trabajo del profesor Frank Lichtenberg, de la Universidad de Columbia, que estimó que en los primeros quince años del siglo XXI la esperanza de vida de los pacientes oncológicos aumentó 2,8 años gracias a los medicamentos aparecidos en ese periodo, con mayores incrementos precisamente en aquellos tipos de cáncer donde más innovación se produjo.
El impacto también es económico. Según los datos que aportó, cada euro invertido en I+D sanitaria genera 1,5 euros de valor añadido en el conjunto de la economía, un retorno que más que compensa la inversión. Y existe, añadió, una correlación significativa entre crecimiento económico e inversión en I+D, siendo los países que más invierten los más desarrollados y de crecimiento más rápido.
Un empleo cualificado, estable y diverso
El programa dedicó también un bloque al empleo, uno de los rasgos más diferenciales del sector. La industria farmacéutica emplea de forma directa a entre 63.000 y 64.000 trabajadores en España, pero al incorporar el empleo indirecto —el generado en sus proveedores— y el inducido —el ligado al consumo de esos trabajadores—, la cifra supera los 270.000 empleados. Esa capacidad de arrastre sobre otros sectores es, en palabras del directivo, una de las características económicas más relevantes del sector.
Sin embargo, Sánchez García insistió en que lo verdaderamente distintivo es la calidad de ese empleo. El empleo femenino ronda el 55% del total, la contratación indefinida se sitúa en torno al 93% —con una de las tasas de temporalidad más bajas de toda la industria española— y el porcentaje de mujeres en la primera línea ejecutiva de las compañías farmacéuticas alcanza aproximadamente el 25%, una cifra que contrasta favorablemente con la del conjunto de las grandes empresas cotizadas. «Es un empleo muy rico, muy diverso y es un empleo diferente», resumió, un empleo que aporta un alto valor al conjunto de la economía.
17.000 millones de ahorro para el estado del bienestar
Uno de los mensajes centrales de la entrevista fue la contribución del medicamento a la sostenibilidad del sistema. El razonamiento que expuso Sánchez García parte de una idea sencilla: los medicamentos devuelven la salud a la población, y una población más sana es más productiva. La estimación para España es que cada euro invertido en medicamentos genera 3,9 euros de valor añadido en el conjunto de la economía, gracias sobre todo a una fuerza laboral capaz de impulsar el PIB.
A ese efecto se suman ahorros muy directos. Los medicamentos permiten sustituir otros procesos sanitarios más costosos, reducen el número y la duración de las bajas laborales y, al elevar la esperanza de vida, hacen posible prolongar la vida laboral. Combinando estos factores, una consultora estimó para Farmaindustria que el gasto público en medicamentos —en torno a los 25.000 millones de euros anuales entre farmacia de oficina y hospitales— genera ahorros de alrededor de 17.000 millones en otras partidas: menos gasto sanitario, menos bajas laborales y menos pensiones. «Es relevante», concluyó sobre el balance.
Biotecnología e I+D: los retos de los próximos cinco años
De cara al futuro, Sánchez García describió un momento «interesante» pero no exento de amenazas. En producción, advirtió del riesgo de desinversiones y de un déficit estructural: de las 111 plantas de medicamentos, 99 fabrican por síntesis química y solo 12 por biotecnología, justo cuando la biotecnología se ha convertido en el principal aportador de nuevos medicamentos en el mundo. En I+D, alertó de que Europa está perdiendo competitividad frente a Estados Unidos y China, y de que otros países europeos como Alemania ya están desplegando incentivos para atraer ensayos clínicos.
Su conclusión fue a la vez orgullosa y prudente: España ha hecho un trabajo excelente y mantiene el liderazgo, pero no debe «dormirse en los laureles». El futuro dependerá, en buena medida, de lo en serio que se tomen las instituciones europeas y el Gobierno español la necesidad de impulsar un sector que, siendo relativamente pequeño, resulta estratégico para la economía. Y aunque el principal beneficiario sea siempre el paciente, la conversación en Tinku Healthcare dejó claro que la industria farmacéutica es también una palanca de riqueza, empleo de calidad y sostenibilidad para el conjunto del país.



































