Para muchos americanos, las oportunidades económicas parecen, poco a poco, salir de su alcance.

Analizamos con Juan Carlos Rodríguez Rojo, especialista en datos y CEO de Qíndice, el reciente estudio publicado por McKinsey:

https://www.mckinsey.com/industries/public-and-social-sector/our-insights/for-many-americans-economic-opportunity-seems-increasingly-out-of-reach

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El talento como grial

En EE. UU., ha estallado el descontento de la manera más inesperada: millones de personas parecen dispuestas a abandonar sus trabajos, en un movimiento masivo, aunque no mayoritario, conocido como “la gran renuncia”. La tradición del mercado de trabajo estaba presidida por el impulso de conservación del empleo, pero ya hace unos años que viene creciendo la renuncia voluntaria, generalmente para cambiar de empleo, pero también para situar la dedicación al trabajo en un tiempo marginal.

La pandemia frenó este proceso, ya que mucha gente perdió su trabajo involuntariamente y se cerraron la mayor parte de las oportunidades de cambio, y eso tuvo el efecto de embalsar el fenómeno de la renuncia, que se manifestó en 2021 masivamente, con salidas voluntarias de grandes contingentes, como sucedió, por ejemplo, en abril, con casi 4 millones de personas.

Muchos son empleados de los peor pagados, para los cuales casi cualquier alternativa es mejor por poco que ofrezca, pero la renuncia recorre toda la escala de categorías profesionales y no siempre el cambio es por otro empleo, sino que cada vez hay más gente que duda de si vale la pena trabajar regularmente. 

De manera que, hablando de talento, convendría, como ya hemos advertido aquí alguna vez, que el talento visible es el que permanece en las empresas y que hay mucho talento que va y viene o que, incluso, encuentra mal acomodo en el mercado.

El mercado de trabajo, como todos los mercados, se mueve por diferencias de potencial que movilizan a la oferta y la demanda. Si los trabajadores tienden a renunciar a sus puestos es porque no alcanzan en ellos sus aspiraciones o sus expectativas, y si la rotación o la salida del sistema se aceleran es porque la frustración es irremediable, al menos coyunturalmente.

Esto no sucede de forma homogénea, ni en el espacio ni en el tiempo, pero en casi todo el mundo occidental se habla de posibles líneas de fractura, que podrían estar dividiendo a las sociedades en espacios tan alejados que cada vez harían más difícil escalar en el sistema socioeconómico.

Es interesante observar cómo se manifiestan indicios de este fenómeno en el consumo. Presentamos datos de EE. UU., que posiblemente se reproduzcan en gran medida en Europa.

La percepción, el proceso cognitivo más importante, arroja datos reveladores

Según el estudio realizado por McKinsey, “American Opportunity Survey Spring 2021 and Spring 2022”,  la percepción del consumidor empeora en el año en curso, respecto de la medida en 2021, atendiendo al McKinsey Economic Opportunity Index, siendo claramente negativa en varios estratos poblacionales, especialmente entre las mujeres y las personas no binarias, entre las personas con edades en la antesala de la jubilación, los que tienen menos ingresos y los que habitan en el entorno rural. Algunas diferencias por razón de la raza son también llamativas, tales como las que señalan a las mujeres blancas como las que se sienten en peor situación en cuanto a sus oportunidades.

La frustración en estos estratos poblacionales, que observan posiciones sociales que no hace mucho se consideraban accesibles como prolongación del sueño americano, ahora inalcanzables, parece ser un elemento importante de la situación de muchas personas en el mercado de trabajo. Es un poco patético recordar los esfuerzos de muchos analistas, especialmente de la industria de los datos, para explicar el triunfo electoral de Donald Trump o el del Brexit como resultados de la gestión exitosa de los datos de los votantes. “Es la frustración, estúpidos” podríamos decir, parafraseando a Bill Clinton (“es la economía, estúpidos”). 

Para los convencidos de que la igualdad entre los sexos (o cualquier otra igualdad) es lo más importante, en estos datos hay una oportunidad para entender por qué muchas mujeres blancas también votaron a Trump, un machista irredento e indisimulado, a menudo grosero. Los cambios más importantes parecen estar produciéndose por la ruptura de la igualdad de oportunidades, mucho más que por las desigualdades más comúnmente subrayadas.

Los americanos son menos optimistas. Fuente: McKinsey

Los americanos son menos optimistas. Fuente: McKinsey

Si atendemos a las barreras que la gente encuentra para acceder a las posiciones deseadas en el mercado de trabajo, podemos caer en una cierta perplejidad, dudando si la enfermedad es una barrera o las dificultades enferman a la gente.

Entre los desempleados que buscan trabajo, la barrera principal es la cantidad de puestos disponibles para ellos, seguida de sus propias carencias respecto de lo exigido en los puestos. Pero, para aquellos que están desempleados y han renunciado a buscar, las causas principales son la enfermedad física y la enfermedad mental, con un impacto total de ambas barreras del 75%.

La falta de skills y los problemas de salud, entre las principales barreras al empleo. Fuente: McKinsey

La falta de skills y los problemas de salud, entre las principales barreras al empleo. Fuente: McKinsey

A quiénes afectan más los problemas de salud en el mercado de trabajo

El grupo de los no binarios es el más afectado por las barreras de salud física y también por las de salud mental, pero, por su propia particularidad en relación con la salud o con su tratamiento en el sistema de salud y en la sociedad, su análisis requeriría una especificidad que queda fuera del alcance de este artículo.

Sobre la cuestión de si la enfermedad es una barrera ex ante o un efecto de los problemas del mercado de trabajo y de la frustración de expectativas, podemos observar que tanto la enfermedad física como la mental afectan bastante más a los jóvenes que a los de mayor edad, especialmente las dolencias mentales, y afectan más  los que están en los niveles extremos de recursos educativos, a los que estudiaron poco o aún no han terminado de estudiar (muchos jóvenes están aún invirtiendo en su formación) y a los que alcanzaron los niveles más altos. Además, estas barreras tienen mayor peso en el ámbito urbano.

Son datos que, si bien no demuestran, al menos permiten conjeturar que sí, que las dificultades en el mercado de trabajo y la frustración de deseos y expectativas podrían estar poniendo enferma a mucha gente, que, como consecuencia, estaría empeorando sus oportunidades, en una espiral altamente destructiva.

En este punto, muchos analistas e ideólogos tienen una certeza: esto sucede porque la sociedad americana es profundamente desigual y no se ha dotado de amortiguadores sociales, pero lo cierto es que eso no explica el entusiasmo del “sueño americano” en tiempos pasados, con menos amortiguadores del sistema público, ni tampoco que el Estado del Bienestar europeo, con su complejo sistema de amortiguadores, esté viendo también cómo emerge el descontento, a veces con violencia. Como en tantas cosas, lo que estamos viendo en EE. UU. es un anticipo de lo que tendremos en dosis más altas de las que nos gustaría.

Casi la mitad de los encuestados reportaron problemas de salud. Fuente McKinsey.

Casi la mitad de los encuestados reportaron problemas de salud. Fuente McKinsey.

 

40 por ciento de los encuestados reportaron problemas de salud mental. Fuente McKinsey

40 por ciento de los encuestados reportaron problemas de salud mental. Fuente McKinsey

¿Qué observamos en los comportamientos de consumo?

El detonante principal y con impacto más generalizado sobre la frustración del creciente número de americanos que no alcanzan sus expectativas en el mercado de trabajo es el que tiene un impacto más directo en el consumo, que desde hace muchas décadas constituye el centro de gravedad den las sociedades occidentales, el alza abrupta de los precios, la inflación.

¿Qué puede hacer la gente con la inflación? El comportamiento normal, es decir, cuando la inflación está bajo control (en Europa venimos considerando que eso significa por encima de 0 y por debajo del 2% anual), depende principalmente de los recursos, de si el consumidor tiene un cierto excedente de recursos o, por el contrario, carencia de recursos.

En condiciones normales, un consumidor con excedente de recursos, con estabilidad de precios, tenderá a gastar, dado que ese es el imperativo de la oferta y lo que mueve el mundo económico (“¡gastad, gastad, malditos!”, gritan multitud de mensajes) y secundariamente ahorrará, mientras que el que carezca de recursos tendrá que hacer un esfuerzo adaptativo en buena parte de los productos de consumo, para no tener que renunciar sino secundariamente a servicios importantes, como los relativos a la salud o la educación.

Pero, cuando hay inflación, aunque no sea el mejor momento para ahorra, dado que justamente la inflación penaliza al ahorro, allí donde hay excedente de recursos, el ahorro crece porque el consumo se contrae (eso está sucediendo ahora en España), pero donde hay carencia de recursos sucede algo más dramático, puesto que afecta a personas que ya estaban adaptadas a productos sustitutivos y ahora tienen que renunciar primero a servicios básicos y secundariamente intensificar la sustitución de productos.

Excendete de Recursos versus Inflación

Excendete de Recursos versus Inflación

En general, el gasto en EE. UU. está creciendo con mayor frecuencia que decreciendo, con una excepción, la del entretenimiento (incluido el consumo en restaurantes), pero ello es en buena parte efecto de la inflación. Si nos fijamos en qué consumos el gap es más desfavorable (de izquierda a derecha del siguiente gráfico, los consumos están ordenados de mayor a menor diferencia incremento del gasto – decremento del gasto, diferencia observable en el último gráfico).

Crece más que decrece, sobre todo en alimentación, electricidad e Internet y transporte, grupo de consumos básicos imprescindibles, en los que muy probablemente la capacidad para reducir el consumo de gran parte de la población es casi nula produciendo la inflación, por tanto, un impacto en el gasto que no supone que se esté dando incremento alguno en el consumo de bienes y servicios.

En un segundo grupo encontramos salud y educación, servicios básicos, pero no imprescindibles para la supervivencia inmediata. Puede ser que en algún caso no estén tan afectados por la inflación, pero seguramente el menor impacto en el gasto total sea efecto de una contracción del consumo, en la línea que explicábamos más arriba.

Por último, el uso más discrecional del dinero, es decir, el gasto más discrecional, con el entretenimiento como representante más conspicuo, es el más afectado por la inflación en contracción del gasto.

De manera que, si bien el núcleo del estudio de McKinsey está en el empleo y en las barreras de acceso a las posiciones deseadas, en cuanto recordamos la generalidad y la centralidad del consumo en nuestras sociedades, se revela la necesidad de considerar como potenciales fuentes fundamentales de la mala percepción (o fuentes de riesgo, en relación con el objetivo de una sociedad de mejorar el bienestar) los ajustes obligados para los consumidores, ajustes necesarios siempre que no se alcanzan los ingresos deseados, y que la inflación viene a agudizar súbitamente, como ahora está sucediendo, en este 2022 de crisis post-pandémica y guerra, nuevamente, en Europa.

La inflación está forzando a los americanos a gastar más en productos esenciales. Fuente: McKinsey.

La inflación está forzando a los americanos a gastar más en productos esenciales. Fuente: McKinsey.

 

Aumento (y bajada) del gasto medio de las familias americanas en 2022. Fuente: McKinsey.

Aumento (y bajada) del gasto medio de las familias americanas en 2022. Fuente: McKinsey.

 

¿Cómo manifiesta el consumo algunos problemas económicos estructurales latentes?

La satisfacción de las necesidades primarias, es esencial para todos los consumidores. Cada año, en diversos países se hacen evaluaciones  de los índices de consumo de bienes y servicios básicos y discrecionales y, se miden a su vez, mediante el cruce de información, las oportunidades en el mundo laboral para poder tener calidad de vida.

La empresa Mckinsey, ubicada en Estados Unidos, recientemente publicó su informe anual que refleja los resultados de un estudio sobre el acceso a las oportunidades y las limitaciones para trabajar. Este informe anual  fue analizado en una participación en un medio digital, por Juan Carlos Rodríguez Rojo, quien es especialista en datos y CEO de Qíndice, y supo esclarecer detalles relevantes del documento publicado.

Estudio de Mckinsey tema de consumo

Para muchos norteamericanos las oportunidades económicas parecen salir de su alcance, ese estudio indica los accesos a oportunidades

Juan Rodríguez asegura que, el consumo, siempre ha sido un campo donde “se manifiestan cosas que incluso no se han visto”, falta claridad en ese terreno, porque según el invitado, “es el fenómeno más importante en nuestras sociedades, desde hace mucho tiempo”.

Afirmó también que, en el pasado, la sociedad se organizaba, principalmente en función del trabajo, y ahora el centro de gravedad está claramente en el consumo. Un ejemplo de ello, es la tendencia que hay respecto a los horarios de algunas tiendas que llegan a ser, de 24 horas, para cubrir la demanda de los consumidores.

El asunto es que Mckinsey, viene haciendo unas encuestas sobre ¿cómo percibe la gente la situación?, y acaban de publicar la correspondiente a 2022, en la que se han encontrado algunas sorpresas: primero la percepción es más negativa que positiva, pero además, sobre todo es peor que la de 2021.

También está afectando de manera desigual, a los 200 estratos poblacionales, es peor en diversos contextos y sedimentos, entre las mujeres, personas llamadas no binarias, en las de edades próximas a la jubilación, en las de menos ingresos, y en el entorno rural.

En todos los estratos se nota la diferencia, desde el punto de vista de la percepción, en comparación con el año 2021. La percepción, según Rodríguez Rojo, es el proceso cognitivo por excelencia, y por tanto, es un indicador fundamental de cómo están las cosas, porque la mayoría de los automatismos están basados en las decisiones.

Antes de entrar en los temas de consumo, el especialista hizo referencia al fenómeno del gran abandono o de la gran en renuncia, que está sucediendo en Estados Unidos, y afecta a millones de personas, que están enfrentando algunas barreras, entre las principales esta, la poca disponibilidad de trabajos.

Sin embargo, el informe indica que las barreras más importantes para los que están desempleados, es que han abandonado la búsqueda de empleo, por dos razones fundamentales: los problemas físicos de salud, y las complicaciones mentales causadas por el estrés.

Limitaciones de salud en los más jóvenes

Al analizar el informe de Mckinsey, el especialista dedujo que la gente que todavía sigue buscando empleo, no encuentran los trabajos adecuados, consigue debilidades propias en las habilidades necesarias para acceder a ellos, pero también tienen un peso significativo estos problemas de salud, los cuales están afectando más a los jóvenes.

En cuanto a la salud física, las personas más afectadas están entre 25 y 34 años, por otro lado, respecto a los problemas de salud mental, la población que más está padeciendo estos inconvenientes es la que tiene entre 18 y 24 años de edad, y además es el entorno urbano donde esto se produce más.

Esto se ha agudizado en el 2022, por las novedades que se están viendo, respecto a la inflación, la subida de los precios relacionada con la guerra de Ucrania; aunque el especialista considera que, lo que también ha ocasionado estas estadísticas, son las fallas en el ajuste de las expectativas en cuanto a los trabajos; originando inconformidad en los jóvenes, por no obtener lo esperado.

Consumos primarios y discrecionales

Ahora bien, si se observa desde el punto de vista del consumo se puede notar en el informe, que está ordenado por la diferencia entre los que incrementan el gasto, y los que decrecen en el gasto, se observa el crecimiento en la alimentación por un lado, mientras que el decrecimiento se marca más en bienes y servicios básicos, educación y consumo discrecional.

En el campo del entretenimiento es donde la tendencia decreciente es mayor que la creciente en el gasto, a pesar de que la propensión a gastar más, está alimentada por la inflación.  En este sentido, es preciso considerar dos situaciones muy importantes, por un lado la inflación alta, o la inflación controlada; y por el otro, las situaciones individuales, como si hay excedente o carencia de recursos.

Si hay excedente de recursos y la inflación es alta, se debe crear una precaución de ahorro en inversiones, ahora bien, si la inflación está controlada, las personas suelen gastar más. Pero si hay carencias de recursos, con inflación alta, es necesario renunciar a algunas pertenencias, y tener en cuenta buscar productos sustitutivos, para no privarse de otros servicios más discrecionales.

Las mayores frustraciones entre las expectativas que produce el mercado, el cual invita siempre al consumo, son causadas por el desajuste con la realidad, en relación con los puestos de trabajo, su rendimiento, y del capital profesional que se ha acumulado.

Estas insatisfacciones, de acuerdo al especialista, se condensan en el consumo, porque al subir los precios, bien sea por la imposibilidad de la logística para traer los productos, o por la inflación, la gente debe cubrirse con los servicios que hace que la vida sea más estable.

Para Rodríguez, en España está volviendo a crecer el ahorro notablemente, a pesar de que las situaciones inflacionistas no son las mejores para esta actividad, porque lo penalizan, pero entre ahorrar y consumir en esta sensación de incertidumbre, “la gente opta por ahorrar”.