En el programa Tinku Café, Eva Escribano abordó una realidad que muchos emprendedores enfrentan pero pocos reconocen: el cuerpo, en su sabiduría, nos avisa cuando el negocio va demasiado rápido. Lo hace con ansiedad, insomnio, fatiga crónica o incluso con dolor físico. Pero solemos ignorarlo hasta que es demasiado tarde.
Alejandro Guerrero y Carolina Martínez acompañaron esta conversación con experiencias propias y reflexiones sobre las múltiples fuentes de presión que acompañan al emprendimiento: desde la burocracia hasta las expectativas irreales, pasando por la autoexigencia y la falta de descanso.
Lo que causa el estrés no siempre es visible
Eva propuso una dinámica simple pero reveladora: listar los factores que generan más tensión en la vida del emprendedor. La lista incluyó el perfeccionismo, la burocracia, la incertidumbre económica, la falta de descanso y el famoso “Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como”. Todo esto se acumula y tiene un efecto directo sobre la salud física y emocional.
La gran mayoría de los emprendedores no incluye en su calendario tiempo para el autocuidado: ni deporte, ni baile, ni siquiera descanso real. Esta desconexión es peligrosa, porque el cuerpo comienza a gritar cuando no es escuchado.
Escuchar al cuerpo: el primer paso hacia la prevención
Uno de los mensajes más potentes de Eva fue que el primer síntoma del colapso es, paradójicamente, la falta de consciencia de que algo va mal. No se trata de que el cuerpo no hable, sino de que no sabemos escucharlo. En sus consultas, lo primero que trabaja con las mujeres es la reconexión con el cuerpo: sentir la respiración, notar el latido del corazón, reconocer las señales físicas y emocionales que están ahí, pero que ignoramos en el piloto automático.
Eva insiste en que parar es el primer paso. Solo desde la pausa y la conexión con el cuerpo se puede comenzar a cambiar hábitos y tomar decisiones más sanas.
De la fisioterapia al acompañamiento integral
Eva llegó al trabajo con el dolor crónico desde su propia experiencia: se lesionó la rodilla de adolescente, estudió fisioterapia, hizo un máster especializado y luego descubrió su pasión por acompañar a mujeres que sufren dolores invisibles como la vulvodinia.
Este camino no fue lineal. Se formó también en sexualidad, tantra y desarrollo personal. Hoy combina la ciencia con el enfoque somático y espiritual para ofrecer un acompañamiento integral. Trabaja con mujeres que han pasado por múltiples especialistas sin encontrar alivio, y que a menudo no han tenido ni siquiera educación básica sobre su cuerpo.
Sexualidad consciente: una herramienta para reconectar
Uno de los temas más profundos que se tocaron en la entrevista fue la desconexión de las mujeres con su sexualidad. Eva señaló que muchas de sus pacientes nunca se han mirado la vulva. En una cultura donde el porno es la principal fuente de “educación sexual” y donde persisten los tabúes religiosos, reconectar con el propio cuerpo se vuelve un acto radical.
La sexualidad consciente no es solo un fin en sí mismo, sino un medio para conectar con la propia identidad, deseos y emociones. Eva trabaja para que sus pacientes puedan vivir su sexualidad desde el placer, el respeto y el autoconocimiento.
Tecnología, soledad y el riesgo de deshumanización
La conversación derivó hacia otro tema clave: la tecnología y su efecto en nuestra humanidad. Desde asistentes virtuales que reemplazan la interacción humana hasta algoritmos que prometen parejas ideales, estamos delegando vínculos reales a herramientas artificiales.
Alejandro Guerrero alertó sobre el “tecnofeudalismo” que nos empuja a vivir sin contacto humano real. Eva coincidió: el cuerpo necesita conexión, presencia, abrazos, escucha. Y todo eso se está perdiendo.
La pandemia y el aislamiento fueron ejemplos extremos, pero la tendencia continúa. Como dijo Carol, “estamos desconectándonos de nuestra esencia humana”. Frente a eso, Eva propone volver a lo básico: presencia, pausa, escucha, cuerpo.
El cuerpo no miente
Eva cerró la entrevista recordando que el cuerpo es sabio. No se trata de buscar una pastilla milagrosa, sino de transformar hábitos, creencias y emociones. El dolor crónico, lejos de ser solo un problema físico, es muchas veces el reflejo de cómo nos relacionamos con el mundo y con nosotras mismas.
La solución pasa por un cambio de paradigma: dejar de hacer lo que se espera de nosotros y comenzar a hacer lo que realmente deseamos. Y eso, como bien recordó Eva, también incluye el disfrute sexual, el placer y la conexión.



































