En el episodio 15 de Tinku Café, Antonella Carvajal, Coach de Vida y Liderazgo, compartió su experiencia de reinvención personal y profesional. Influencer de moda reconvertida en divulgadora espiritual y coach emocional, Antonella representa a una generación de emprendedores que han decidido escuchar su alma antes que seguir con una vida profesional que ya no les representa.
La era del cambio constante
El programa comenzó abordando una inquietud común entre emprendedores: ¿cuándo es el momento adecuado para pivotar, ampliar o transformar un negocio? Según estudios mencionados por los presentadores, entre un 65% y 70% de los profesionales consideran la reinvención en algún punto de su carrera, y el 40% de los negocios exitosos han hecho al menos un pivote importante. A pesar de ello, el miedo al cambio sigue siendo una de las barreras más grandes.
Antonella Carvajal se sumó a la conversación subrayando que estamos viviendo un momento histórico de transformación: la entrada en la era de Acuario. “Lo único constante es el cambio”, afirmó, aludiendo a la naturaleza como reflejo del proceso humano. Para ella, esta transformación no es sólo externa, sino también energética y espiritual.
Del mundo de la moda al coaching espiritual
Carvajal relató cómo la pandemia actuó como catalizador de su cambio personal. “Me hice las preguntas adecuadas”, confesó. Con una comunidad de más de 44.000 seguidores, se preguntó qué estaba ofreciendo y qué se estaba ofreciendo a sí misma. Esa introspección la llevó a formarse como coach y redirigir su carrera hacia el acompañamiento emocional y espiritual.
“La autenticidad es fundamental para la existencia”, explicó. Para Antonella, el cambio no solo fue profesional, sino una transformación del ser. Descubrirse a sí misma fue la base para conectar con los demás desde un lugar de amor y verdad.
El fracaso como parte del camino
La entrevista también abordó uno de los grandes tabúes del emprendimiento: el fracaso. Antonella no dudó en reconocer que ha intentado “mil millones de cosas” y que muchas no han salido como esperaba. “El fracaso no es malo, el fracaso es saber que lo has intentado”, expresó.
Destacó cómo la sociedad no enseña a gestionar emociones frente al fracaso y cómo esto lleva al autosabotaje. En este sentido, el trabajo interior es clave para seguir avanzando. “De ese 90% de pensamientos diarios, el 85% son repetitivos y el 80% negativos”, afirmó, remarcando la importancia de la consciencia emocional.
Libertad, autenticidad y propósito
En su discurso, Carvajal hizo énfasis en el poder del autoconocimiento como camino hacia la libertad. “La libertad es lo más bonito, y es en conocerte a ti mismo donde encuentras esa libertad”, declaró. Ser auténtico no solo es un acto de valentía, también puede convertirse en el verdadero diferenciador en el mercado.
Antonella explicó que al compartir sus intereses más personales —como el uso de oráculos o su faceta espiritual— encontró mayor conexión con su audiencia. “Eso es lo que engancha”, afirmó. Ser uno mismo, sin máscaras, es hoy más importante que nunca en un entorno saturado de contenido vacío.
Pivotar con sentido y propósito
Alejandro Guerrero, CEO de Tinku Televisión, también compartió su experiencia personal de reinvención, desde la ingeniería hacia el mundo audiovisual. Subrayó que la clave está en moverse constantemente, probar nuevos formatos y no tener miedo de cambiar cuando la situación lo exige.
Ambos coincidieron en que el verdadero cambio nace desde dentro. La transformación no es una estrategia de marketing, sino un proceso de reconexión con la esencia. Y cuando ese cambio ocurre con autenticidad, se convierte en una fuente inagotable de motivación y creatividad.
La llamada a la acción
El episodio cerró con una invitación directa a la audiencia: ¿qué cambios radicales estás considerando en tu negocio o carrera? Antonella y Alejandro animaron a los espectadores a reflexionar y compartir sus propias experiencias de transformación.
En Tinku, recalcaron, no solo se ofrece formación, sino un espacio para hacer negocios con sentido y propósito. Porque, como bien dijo Antonella, “somos hijos del creador, estamos hechos para crear constantemente cosas”.



































