En un episodio lleno de aprendizajes y reflexiones sobre el fracaso, Javier Sirvent, reconocido como Technology Evangelist y autodefinido como “el Chicote de las empresas”, compartió con Tinku Café las lecciones que ha obtenido de sus experiencias más difíciles en el mundo del emprendimiento. Lejos de victimizarse, Sirvent aborda los errores como una fuente inagotable de conocimiento y transformación personal y profesional.
Socios mal elegidos: el talón de Aquiles del emprendimiento
Durante la conversación, Sirvent fue tajante al reconocer que todos sus negocios funcionaron muy bien… hasta que aparecieron los socios incorrectos. “He elegido muy, muy, muy mal a los socios”, confesó. Para él, el problema no radica únicamente en la traición o el conflicto, sino en la falta de habilidades para gestionar esos vínculos empresariales: liderazgo, negociación, toma de decisiones.
Esta autocrítica lo llevó a aprender una valiosa lección: “Al enemigo, puente de plata”. Una máxima que simboliza su nuevo enfoque estoico frente a los problemas. Más que buscar venganza o encerrarse en el resentimiento, Sirvent propone soltar y avanzar con inteligencia emocional.
El estoicismo como respuesta ante la crisis
Una de las transformaciones personales más profundas que experimentó Javier ocurrió durante la pandemia. Asegura que predijo la llegada del COVID-19 con cinco meses de anticipación, pero su advertencia fue ignorada. Enfrentar esa impotencia le permitió profundizar en una filosofía que hoy lo guía: el estoicismo.
“Me he sacado el doctorado en estoicismo”, declaró entre risas, para luego matizar: “La mejor forma de gestionar el fracaso no es que todo te la sude, sino que de todo aprendas”. Esa frase condensa su visión de resiliencia y adaptación. Mirar hacia adelante con perspectiva, sin quedarse atrapado en lo que salió mal.
El error más común: crear productos que nadie necesita
Sirvent también abordó uno de los problemas más frecuentes en la innovación: diseñar soluciones que no responden a necesidades reales del mercado. “He inventado una cosa… pero no le hace falta a nadie”, es una frase que escucha constantemente.
Incluso compartió un caso reciente de un influencer que anunció en redes sociales una serie para Netflix llamada “Pesadilla en la oficina”, un concepto que Sirvent asegura haber registrado y ejecutado desde hace cinco años. “Cuando haya convencido a Netflix, le diré hola… tengo la patente”. Esta anécdota resume la importancia de la propiedad intelectual y de investigar antes de lanzar una idea.
La falta de investigación de mercado y el exceso de entusiasmo
Para Sirvent, muchos emprendedores fallan porque no hacen una investigación de mercado básica. Se lanzan a montar bares, startups o servicios sin conocer al cliente ni calcular los costos reales. “En España es muy común lo de montar un bar, pero es uno de los negocios más difíciles que existen”, explicó.
Asimismo, cuestionó el “optimismo tóxico” que domina muchas narrativas de emprendimiento. Esa creencia de que “todo saldrá bien” si tienes fe y trabajas duro, cuando en realidad hay factores técnicos y estratégicos que deben analizarse fríamente. “Estás invirtiendo en entretenimiento y no en educación”, criticó, aludiendo a quienes pagan Netflix pero no una herramienta de inteligencia artificial.
Precios, autoestima y síndrome del impostor
Otro gran desafío que enfrentan los emprendedores es fijar el precio correcto para sus productos o servicios. Sirvent señala que muchos dudan de su valor y prefieren ser baratos para atraer clientes. “Tenemos el sesgo del impostor”, dijo, recomendando que otros fijen los precios por uno si no se tiene la seguridad suficiente.
También apuntó contra frases como “porque yo lo valgo”, que pueden ser contraproducentes si no se tiene una propuesta de valor clara. En lugar de motivaciones vacías, apuesta por medir, analizar y dejarse asesorar.
Inteligencia artificial: usarla o quedar atrás
Finalmente, Javier Sirvent subrayó la importancia de la tecnología y, en particular, de la inteligencia artificial. Afirmó que hoy, herramientas como ChatGPT ya son “más inteligentes que el 99,4% de los humanos”. Criticó la resistencia de muchos a invertir en estas soluciones, que podrían transformar radicalmente su productividad y creatividad.
Su mensaje es claro: “Toma conciencia y deja de ser un tonto motivado que tiene una idea y ve que no funciona”. Para él, fracasar no es el problema. El problema es no aprender, no adaptarse y seguir sin escuchar al mercado ni a la tecnología.



































