En una sociedad marcada por las prisas, la hiperconexión y el estrés constante, cada vez son más las personas que buscan espacios donde detenerse, respirar y recuperar el equilibrio. En este contexto nace El Club de las Cosas Bonitas, un proyecto impulsado por la emprendedora Beatriz Ruiz Sanz que combina creatividad, comunidad y bienestar emocional a través de las manualidades. Durante su participación en Tinku Emprendedores, compartió cómo una afición de toda la vida terminó convirtiéndose en un negocio digital capaz de reunir a cientos de mujeres con un objetivo común: dedicar tiempo a sí mismas.
Las manualidades como herramienta para reducir el ruido mental
El proyecto parte de una idea sencilla pero poderosa. Muchas mujeres encuentran en las actividades manuales una forma de desconectar del estrés diario y volver a conectar consigo mismas. Según explicó Beatriz Ruiz, el club está dirigido a mujeres que desean reservar un espacio para ellas a través de actividades creativas realizadas con las manos.
La creadora del proyecto señaló que gran parte de las integrantes de la comunidad conviven con situaciones de ansiedad o sobrecarga emocional. En este sentido, las manualidades funcionan como una herramienta que permite centrar la atención en el momento presente, disminuir el ruido mental y favorecer estados de calma.
Esta conexión entre creatividad y bienestar se ha convertido en uno de los pilares fundamentales del crecimiento de la comunidad, que ha encontrado en estas actividades una alternativa accesible para cuidar la salud emocional.
Una pasión que acompañó toda su vida
Aunque hoy lidera una comunidad vinculada al mundo creativo, Beatriz Ruiz no inició su trayectoria profesional en este sector.
Durante años trabajó en una peluquería, una actividad aparentemente alejada de las manualidades, aunque ella misma reconoce que también existía una importante dimensión artística y creativa en aquel trabajo. Desde pequeña había disfrutado creando con las manos, pero nunca había considerado la posibilidad de convertir esa afición en una profesión.
Sin embargo, con el paso del tiempo comenzó a sentir que aquel camino profesional ya no le permitía desarrollarse plenamente. La sensación de estar atrapada y la necesidad de explorar nuevas posibilidades la llevaron a plantearse un cambio de rumbo.
Aquella decisión marcaría el inicio de una etapa emprendedora que terminaría desembocando en la creación de una comunidad con identidad propia.
El primer emprendimiento: una agencia de viajes online
Antes de poner en marcha El Club de las Cosas Bonitas, Beatriz Ruiz y su pareja decidieron emprender juntos en un sector completamente distinto.
Tras analizar diferentes posibilidades, optaron por crear una agencia de viajes online especializada en algunos de los destinos más emblemáticos del mundo. El proyecto se centró especialmente en viajes a Jordania y Egipto, dos mercados que llegaron a convertirse en sus principales líneas de negocio.
Sin embargo, diversos acontecimientos internacionales alteraron profundamente el contexto del sector turístico. La situación geopolítica afectó directamente a la actividad de la empresa, obligándoles a gestionar cancelaciones y devoluciones que pusieron a prueba la viabilidad del proyecto.
Más allá de las dificultades externas, ambos comenzaron a percibir que aquel negocio no terminaba de conectar con sus verdaderas motivaciones personales.
La importancia de saber parar y recalcular
Uno de los aspectos más interesantes de la historia de Beatriz Ruiz es la capacidad de interpretar los momentos difíciles como oportunidades de reinvención.
Ante la incertidumbre generada por la situación de la agencia, decidieron detenerse temporalmente y replantear su futuro profesional. Fue durante ese proceso de reflexión cuando apareció la posibilidad de desarrollar un proyecto relacionado con las manualidades.
Lejos de lanzarse inmediatamente, optaron por validar la idea mediante pequeños experimentos. Comenzaron publicando contenido en redes sociales para comprobar el interés de la audiencia y evaluar el potencial del proyecto.
La respuesta superó todas sus expectativas. En apenas unos meses consiguieron construir una comunidad activa y comenzar a comercializar sus primeras formaciones.
Emprender en pareja: ventajas y desafíos
Otro de los temas abordados durante la entrevista fue la experiencia de emprender junto a la pareja.
Beatriz reconoció que trabajar y convivir en el mismo proyecto supone un reto constante. Compartir espacio, objetivos y responsabilidades puede generar situaciones complejas si no existe una adecuada distribución de funciones.
En su caso, la clave ha sido diferenciar claramente las áreas de responsabilidad. Mientras ella se encarga de la creación de contenido, la comunicación y la relación con la comunidad, su pareja asume la gestión estratégica, el marketing y los aspectos técnicos del negocio.
Esta división permite que cada uno pueda desarrollar su trabajo con autonomía y mantener un equilibrio más saludable entre la vida profesional y personal.
El papel decisivo de los mentores
Durante la conversación también destacó la importancia de contar con acompañamiento especializado en el proceso emprendedor.
Beatriz explicó que sus primeras experiencias con programas de mentoría no fueron satisfactorias. Sin embargo, lejos de abandonar la búsqueda, continuó explorando opciones hasta encontrar profesionales capaces de aportar valor real a su proyecto.
La llegada de nuevos mentores les permitió adquirir conocimientos sobre marketing digital, estrategia empresarial y validación de negocios. Más allá de las herramientas técnicas, recibieron apoyo para replantear decisiones importantes y encontrar nuevas oportunidades cuando surgieron los obstáculos.
La emprendedora considera que una de las mayores aportaciones de este acompañamiento ha sido desarrollar la confianza necesaria para explorar nuevos caminos y entender que los conocimientos adquiridos pueden aplicarse a múltiples modelos de negocio.
La fuerza de las comunidades emprendedoras
Cuando la agencia de viajes atravesó sus momentos más difíciles, el apoyo de otras personas emprendedoras desempeñó un papel fundamental.
Beatriz destacó cómo el entorno puede convertirse en un factor decisivo para superar situaciones complejas. Formar parte de una comunidad emprendedora les permitió recibir ideas, orientación y apoyo emocional en momentos de incertidumbre.
Esta experiencia reforzó su convicción sobre el valor de las comunidades, un concepto que posteriormente trasladó al propio Club de las Cosas Bonitas.
Para ella, las personas crecen más rápido cuando comparten experiencias, se sienten acompañadas y encuentran espacios donde pueden expresarse libremente.
Un modelo basado en comunidad y formación
El proyecto actual combina una comunidad abierta y gratuita con espacios formativos más especializados.
La puerta de entrada se encuentra en las redes sociales, donde comparte contenidos relacionados con manualidades, creatividad y bienestar. Desde allí, muchas personas descubren posteriormente la existencia de una comunidad más privada que incluye cursos, contenidos exclusivos y espacios de interacción entre alumnas.
Uno de los aspectos más valorados por las participantes es precisamente el apoyo mutuo que se genera dentro del grupo. Las alumnas comparten sus avances, resuelven dudas y se animan unas a otras durante el proceso de aprendizaje.
Este sentido de pertenencia se ha convertido en uno de los principales activos del proyecto.
Mucho más que manualidades
Aunque las actividades creativas constituyen el eje central del club, la propuesta va mucho más allá de aprender técnicas concretas.
Beatriz Ruiz ha conseguido construir un espacio donde las manualidades funcionan como una excusa para algo más profundo: generar momentos de calma, favorecer la conexión personal y crear relaciones entre personas que comparten intereses similares.
Su historia demuestra que los negocios más sólidos suelen surgir cuando existe una conexión auténtica entre la pasión personal y las necesidades reales de una comunidad.
En un momento en el que cada vez más personas buscan recuperar espacios de bienestar y creatividad, El Club de las Cosas Bonitas representa una propuesta que combina emprendimiento, desarrollo personal y construcción de comunidad, demostrando que a veces los proyectos más exitosos nacen precisamente de aquello que siempre nos ha acompañado.



































