Inteligencia artificial en la empresa: ¿ventaja competitiva o trampa para las personas?

La próxima incorporación a un equipo podría no ser una persona, sino un agente de inteligencia artificial capaz de investigar, analizar documentos, redactar informes, atender clientes, seleccionar candidatos o ejecutar tareas sin esperar una instrucción para cada paso. Con esa imagen abrió Olga Albaladejo, directora y presentadora de Tinku Personas y Talento, un editorial dedicado a una pregunta que ninguna organización puede seguir aplazando: qué hacer con una tecnología que ya no llama a la puerta, sino que trabaja dentro de la empresa.

De usar herramientas a delegar el trabajo

El punto de partida del editorial fue un cambio de naturaleza, no de grado. Durante años las empresas trataron la tecnología como una herramienta: se abría un programa, se realizaba una tarea y se cerraba. Los nuevos agentes de inteligencia artificial funcionan de otra manera. Pueden recibir un objetivo, decidir qué pasos seguir, combinar distintas herramientas y entregar un resultado terminado. Como resumió la directora de Tinku Personas y Talento, «ya no solo manejamos tecnología, empezamos a delegarle nuestro trabajo».

Ese matiz —delegar en lugar de operar— es el que introduce todas las tensiones relevantes para quien gestiona personas. Cuando una organización delega trabajo en un sistema, aparecen preguntas que afectan de lleno a la estructura, a los roles y a la identidad profesional de los equipos, y que ya no pertenecen solo al área tecnológica.

Los datos que enmarcan la transformación del talento

Albaladejo situó la conversación sobre una base de cifras que dibujan la magnitud del cambio. El 81% de los directivos espera integrar agentes de inteligencia artificial en la estrategia de su empresa en los próximos doce a dieciocho meses, y el 86% de los grandes empleadores cree que la IA transformará su negocio antes de 2030. En solo cinco años cambiará el 39% de las competencias que hoy se consideran esenciales para trabajar.

El Foro Económico Mundial calcula que antes de 2030 se crearán 170 millones de empleos y desaparecerán 92 millones. La directora del programa insistió en que esas cifras no describen únicamente puestos de trabajo, sino millones de personas que tendrán que aprender nuevas funciones, compartir tareas con sistemas inteligentes o descubrir que aquello para lo que se prepararon ya no se hace de la misma manera. En su lectura, ese es precisamente el terreno de la gestión de personas: no la sustitución, sino la transición.

Las preguntas que ninguna empresa puede evitar

Delegar trabajo en una máquina abre, según planteó Albaladejo, un bloque de preguntas incómodas pero ineludibles. Qué tareas deben seguir realizando las personas y cuáles pueden confiarse a un sistema. Quién supervisa el trabajo del agente. Quién responde cuando se equivoca. Y qué ocurre con las personas cuyo conocimiento, autoridad o identidad profesional dependían de las tareas que ahora puede ejecutar un sistema.

La directora de Tinku Personas y Talento subrayó que estas cuestiones no son un debate técnico, sino un debate de organización y de liderazgo. Afectan a cómo se diseñan los puestos, a cómo se reparte la responsabilidad y a cómo se acompaña a los equipos cuyo rol se transforma. Ignorarlas, vino a decir, no frena el cambio: solo lo deja sin gobierno.

Amenaza y oportunidad conviven en los mismos datos

Frente a la lectura exclusivamente defensiva —»la IA me va a quitar el trabajo»—, el editorial recordó que las mismas cifras muestran una oportunidad considerable. Los profesionales con competencias en inteligencia artificial reciben ya una prima salarial media del 62%, y las empresas más expuestas a la IA están aumentando su productividad con mayor rapidez. La tecnología, planteó Albaladejo, puede ayudar a trabajar mejor: reducir tareas repetitivas, analizar información imposible de procesar manualmente y liberar tiempo para aquello que exige criterio, creatividad, empatía y relación humana.

Ese matiz es central en el discurso del programa: lo que la IA no puede reemplazar es justamente lo que define el valor de las personas dentro de la empresa. La cuestión no es competir con la máquina en velocidad, sino reubicar el talento humano allí donde aporta lo que un sistema no puede aportar.

La delgada línea entre la ventaja y la trampa

El editorial dedicó su tramo más afilado a describir cómo esa misma tecnología puede convertirse en una trampa. Ocurre, enumeró Albaladejo, si se automatizan decisiones que nadie sabe explicar, si se entrega información sensible sin comprender dónde termina, si los datos se usan para controlar en lugar de para entender, o si se exige a los equipos que se adapten sin enseñarles cómo. Y ocurre también cuando la velocidad que aporta la tecnología se aprovecha para llenar cada minuto liberado con todavía más trabajo.

Ahí la directora del programa señaló una contradicción difícil de ignorar: mientras la inteligencia artificial promete multiplicar la productividad, el 80% de los trabajadores afirma que no tiene tiempo ni energía suficientes para hacer su trabajo. La promesa de eficiencia y la realidad del agotamiento conviven en la misma organización, y decidir cuál de las dos gana es, en buena medida, una decisión de gestión de personas.

La pregunta de fondo: qué hacer con el tiempo que se libera

El cierre del editorial reformuló el debate por completo. La pregunta relevante, defendió Albaladejo, no es cuánto se puede producir con la inteligencia artificial, sino qué quiere hacer cada empresa con el tiempo, la capacidad y las posibilidades que esa tecnología ofrece. La misma herramienta puede servir para construir organizaciones más inteligentes, más seguras y más humanas, o para acelerar los errores que ya se cometían.

Con esa disyuntiva —ventaja o trampa— la directora de Tinku Personas y Talento dejó abierta una conversación que interpela directamente a directivos de recursos humanos, responsables de cultura, líderes de equipos y a cualquier profesional que gestione personas en plena transición tecnológica. En coherencia con el propósito del programa, situó el bienestar, el criterio humano y el acompañamiento de los equipos no como un contrapeso a la eficiencia, sino como la condición para que la inteligencia artificial se convierta de verdad en una ventaja para las empresas y para las personas que las forman.

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