En un mundo cada vez más influenciado por la inteligencia artificial, la inteligencia emocional ha emergido como un contrapeso fundamental. Marga Michinel, fundadora y CEO de su propio proyecto de mentoría emocional, advierte que, mientras la IA gana terreno, se hace aún más urgente fortalecer las competencias humanas que permiten a las personas conectar, liderar y sostener relaciones auténticas.
El miedo que no se ve pero se siente en las organizaciones
Durante su conversación con Beatriz Martín Polo en el programa Tinku Emprendedores, Marga subrayó que uno de los grandes desafíos que enfrentan las organizaciones frente a la transformación digital no es técnico, sino emocional. Cuando un directivo o equipo recibe la instrucción de implementar inteligencia artificial, el primer impacto suele ser el miedo: miedo a ser reemplazado, a perder autoridad o incluso el puesto de trabajo.
Estas emociones no siempre se verbalizan, pero están presentes y afectan directamente a la calidad del liderazgo y a la comunicación interna. Por eso, Michinel considera que atender estas emociones no es un lujo, sino una necesidad operativa que puede marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso en los procesos de cambio.
El salto del aula al acompañamiento empresarial
Con casi dos décadas en el mundo educativo, Marga Michinel comenzó su carrera como docente en materias de humanidades. Fue precisamente en este entorno donde detectó la necesidad de escucha activa, empatía y acompañamiento tanto en el alumnado como en las familias. Esto la llevó a formarse intensamente en inteligencia emocional y a emprender un nuevo camino profesional como mentora y facilitadora, primero orientada al ámbito educativo, y luego al mundo corporativo y emprendedor.
El liderazgo emocional como ventaja competitiva
Hoy, su enfoque está dirigido a líderes, emprendedores y organizaciones que quieren construir relaciones sólidas desde una comunicación auténtica y coherente. Según explica, sus mentorías no son para todos, sino para quienes desean trabajar su liderazgo desde dentro, construyendo marca personal con un enfoque humano.
En las corporaciones, Michinel observa una gran carencia de escucha activa. La velocidad, la hiperconectividad y la presión de resultados han reducido el espacio para conversaciones significativas. Por eso, centra gran parte de su trabajo en enseñar empatía profesional, asertividad realista y desarrollo de habilidades interpersonales. Considera que estas competencias no solo evitan conflictos, sino que también mejoran el bienestar del equipo.
El emprendedor: un perfil emocionalmente más trabajado
Al comparar el entorno corporativo con el mundo del emprendimiento, Marga detecta una clara diferencia: el emprendedor, por necesidad, suele tener una inteligencia emocional más desarrollada. Explica que esto ocurre porque, al moverse en relaciones más horizontales y sin estructuras jerárquicas marcadas, el emprendedor aprende a escuchar, negociar, conectar y sostener vínculos humanos de manera más efectiva.
Para Michinel, emprender implica desarrollar una “inteligencia interpersonal brutal” y una resiliencia emocional que muchas veces supera a la de los profesionales en grandes empresas. En su comunidad de LinkedIn, donde interactúa con miles de seguidores, ve una clara representación de este fenómeno: los emprendedores muestran mayor cercanía, disposición al cuidado y una actitud más abierta al desarrollo personal.
Una llamada a las grandes empresas: cuidar ya no es opcional
Sin embargo, Marga no pierde la esperanza en el mundo corporativo. Aunque reconoce que sigue existiendo una estructura fría y jerárquica en muchas compañías, también percibe un creciente interés por el desarrollo emocional. Las empresas con visión de futuro están empezando a comprender que no se trata solo de mejorar el clima laboral, sino de una herramienta de supervivencia ante los cambios tecnológicos.
Las nuevas generaciones, según Michinel, ya no aceptan modelos de liderazgo autoritarios ni relaciones laborales despersonalizadas. Quieren bienestar, relaciones humanas de calidad y un entorno donde puedan expresarse sin miedo. Las organizaciones que no se adapten a esta nueva realidad corren el riesgo de quedarse atrás.
El regalo silencioso de trabajar la inteligencia emocional
Más allá de los beneficios para la empresa, Marga recalca que la inteligencia emocional transforma profundamente a quienes la practican. Quienes se atreven a abrirse al desarrollo emocional no solo mejoran su desempeño profesional, sino que encuentran una nueva forma de estar en el mundo, de liderar con propósito y de construir relaciones más auténticas.
Como conclusión, lanza un mensaje directo a los líderes reacios al cambio: la inteligencia emocional no es una moda ni una técnica blanda. Es una necesidad urgente. Y quien no quiera abordarla por voluntad propia, se verá empujado a hacerlo por las nuevas dinámicas del mercado laboral y las exigencias de los equipos humanos.



































