Silvia Calle, educadora en sexualidad consciente, visitó el plató de Tinku Emprendedores para hablar de un tema tan importante como invisibilizado: la educación sexual de niños, adolescentes y jóvenes. Frente a una realidad donde el 50% de los jóvenes no recibe formación adecuada, Silvia propone una revolución: cambiar el enfoque desde el miedo y la culpa hacia el respeto, la afectividad y el placer.

La educación sexual tradicional ha estado marcada por el tabú, la omisión y el miedo a hablar claro. Silvia propone un cambio profundo que empiece en casa y se extienda al entorno escolar. En lugar de enfocarse únicamente en la prevención de infecciones o embarazos no deseados, invita a hablar del cuerpo, del consentimiento, del vínculo y del amor propio.

Los adolescentes están abiertos, pero necesitan referencias fiables

Uno de los puntos clave que destaca Silvia es que los adolescentes están más abiertos a hablar de estos temas de lo que la mayoría de adultos cree. De hecho, asegura que tienen menos vergüenza que sus propios padres, pero se enfrentan a un entorno de desinformación. Cuando no se habla en casa, buscan respuestas en redes sociales o en conversaciones de pasillo, muchas veces poco fiables.

La sobreexposición a la pornografía es otro de los factores que distorsionan su percepción de la sexualidad. Aunque Silvia recuerda que el porno ha existido siempre, el acceso actual es más temprano, más continuo y más explícito, lo que afecta directamente a la autoestima y la construcción de identidad de los jóvenes.

La educación sexual empieza mucho antes de lo que creemos

Uno de los grandes miedos de muchas familias es hablar demasiado pronto del tema. Silvia desmonta ese temor con contundencia: nunca es demasiado pronto. Explica que la educación sexual debe adaptarse a cada etapa, desde enseñar a un niño de tres años los nombres reales de sus partes del cuerpo, hasta hablar con adolescentes sobre el consentimiento y la gestión emocional de sus relaciones.

La sexualidad, recuerda, no se limita al sexo. Es un concepto amplio que incluye dimensiones psicológicas, afectivas, éticas y sociales. Por eso insiste en la importancia de hablar con naturalidad, sin dramatismos, sin tabúes y desde el respeto.

Vincular sexualidad e inteligencia emocional

Para Silvia, la conexión entre sexualidad e inteligencia emocional es directa. La autoestima, la capacidad de poner límites, la percepción del cuerpo y la forma de comunicarse están profundamente ligadas. Una educación sexual consciente también es una educación emocional, que fomenta el autoconocimiento, la empatía y la libertad de elección.

La presión social sobre el físico, especialmente en las adolescentes, también fue objeto de análisis. Silvia subraya que los modelos estéticos inalcanzables y repetidos en medios y redes están detrás de muchos trastornos de autoestima y conducta alimentaria.

«No se trata de ser más o menos agraciado, sino de cuestionar por qué pensamos que lo somos o no», reflexiona

El hogar como primer espacio de aprendizaje

Aunque las escuelas tienen un papel importante, Silvia defiende que la educación sexual debe empezar en casa. No se trata de una conversación puntual, sino de integrar el tema en el día a día, responder con naturalidad a las preguntas y fomentar el pensamiento crítico desde pequeños.

Para quienes no han empezado aún, recomienda aprovechar cualquier contenido que surja en televisión, redes o libros para abrir la conversación. También propone hacer preguntas que fomenten la reflexión: ¿crees que eso es real?, ¿qué hay detrás de ese mensaje?, ¿quién lo ha creado?

Retos y soluciones desde la comunidad educativa

Silvia reconoce que el sistema educativo tiene mucho por mejorar. Aunque algunas comunidades autónomas están implementando programas más completos, en general la educación sexual se sigue centrando en los aspectos físicos y biológicos, dejando de lado las emociones, los vínculos y el conocimiento personal.

Propone incorporar esta formación de forma transversal y formar adecuadamente al profesorado. Aun así, advierte que no se puede dejar toda la responsabilidad en manos de las escuelas: las familias también deben implicarse y perder el miedo a abordar estos temas.

Una comunidad para acompañar y aprender

En un momento en que los referentes escasean y la desinformación abunda, Silvia Calle se posiciona como una guía comprometida. Su proyecto “Escuela Donde Ser” ofrece formación y acompañamiento a familias, educadores y adolescentes, con el objetivo de crear espacios seguros y transformadores.

Su mensaje final es claro: la educación sexual consciente no solo protege, sino que también empodera. Da herramientas para quererse, respetarse y relacionarse mejor con los demás. Y sobre todo, pone en el centro la importancia de conocerse y aceptarse tal como uno es.

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