Cada año nacen miles de startups con productos innovadores, mercados prometedores y planes de negocio aparentemente sólidos. Sin embargo, muchas de ellas no sobreviven. La explicación, según Jesús Alonso Gallo, rara vez está en la tecnología o en el mercado.
Emprendedor en serie, inversor en más de 80 compañías y autor de una de las newsletters empresariales más seguidas del ecosistema emprendedor español, Alonso Gallo sostiene que el principal factor de éxito o fracaso sigue siendo el equipo humano que impulsa el proyecto.
Después de fundar cuatro empresas, vender tres y dedicar más de una década a invertir en startups, ha observado un patrón recurrente: detrás de las compañías que prosperan suele haber personas capaces de ejecutar, aprender, adaptarse y superar las dificultades. Detrás de las que fracasan, normalmente aparecen problemas relacionados con el carácter, la cohesión o la gestión del talento.
Emprender como una necesidad personal
La historia empresarial de Jesús Alonso Gallo comenzó mucho antes de fundar su primera compañía.
Durante la entrevista reconoció que desde niño sentía una necesidad casi instintiva de generar sus propios ingresos. La idea de depender económicamente de otras personas le resultaba incómoda, lo que le llevó a buscar formas de ganar dinero desde muy joven.
Aquella motivación inicial se convirtió con el tiempo en una forma de entender la vida. Emprender no era únicamente una opción profesional, sino una expresión de independencia, autonomía y capacidad para construir oportunidades propias.
Esa actitud marcaría posteriormente toda su trayectoria empresarial y también su visión sobre el talento emprendedor.
La importancia de coleccionar personas
Cuando se le pregunta por los aprendizajes más importantes de su carrera, Alonso Gallo no habla primero de negocios ni de inversiones.
Habla de personas.
Considera que una de las grandes riquezas de cualquier trayectoria profesional consiste en ir acumulando relaciones valiosas y aprender de quienes aparecen en el camino.
Recuerda especialmente a uno de sus primeros responsables comerciales, quien le enseñó las claves psicológicas de la venta. Más allá de las técnicas comerciales, aprendió la importancia de comprender a las personas, interpretar señales y generar confianza en muy pocos segundos.
Aquella experiencia le permitió descubrir una habilidad que posteriormente sería fundamental tanto para vender empresas como para evaluar proyectos emprendedores.
La generación que teme a la frustración
Uno de los momentos más provocadores de la conversación surgió al abordar las diferencias generacionales.
Jesús Alonso Gallo considera que una parte de las nuevas generaciones ha crecido excesivamente protegida frente al fracaso, la frustración y el esfuerzo.
Desde su punto de vista, muchos jóvenes han sido educados en entornos donde la incomodidad se evita constantemente, limitando así la capacidad para afrontar las dificultades inevitables de la vida profesional.
Para el inversor, aprender a gestionar la frustración es una competencia imprescindible para cualquier emprendedor. Crear una empresa implica convivir con la incertidumbre, asumir errores y enfrentarse a situaciones que rara vez salen según lo previsto.
Sin esa capacidad de resistencia emocional resulta difícil sostener proyectos a largo plazo.
Construir una empresa pensando en venderla
Entre las experiencias más interesantes compartidas durante la entrevista destaca la creación de restaurantes.com.
A diferencia de otros proyectos empresariales, esta compañía nació con un objetivo definido desde el primer día: ser vendida.
Alonso Gallo explica que muchas personas crean empresas como si fueran extensiones de sí mismas. Él decidió abordarlo desde otra perspectiva, diseñando el negocio como un activo que pudiera resultar atractivo para un comprador futuro.
Esta forma de pensar condicionó numerosas decisiones estratégicas. Desde el modelo de negocio hasta el posicionamiento de mercado, todo se construyó teniendo en cuenta una posible adquisición.
Finalmente, el proyecto fue adquirido por el Grupo Michelin, culminando un objetivo que el propio emprendedor había visualizado durante años.
El poder de la visión y la ejecución
Durante la conversación compartió una anécdota que refleja su manera de entender los objetivos.
Mucho antes de vender restaurantes.com, escribió en un papel una frase sencilla: “Voy a vender restaurantes.com a Michelin”.
Aquella declaración permaneció visible durante años en distintos lugares de su vida cotidiana.
Más allá del componente simbólico, Alonso Gallo utiliza esta historia para explicar la importancia de tener una visión clara. Los emprendedores necesitan saber hacia dónde se dirigen y construir cada decisión en coherencia con ese destino.
La visión, sin embargo, no sustituye a la ejecución. El éxito aparece cuando ambas dimensiones trabajan juntas.
Lo que realmente busca un inversor
Después de analizar cientos de proyectos empresariales, Jesús Alonso Gallo tiene muy claro cuál es el criterio más importante a la hora de invertir.
Las personas.
Según explica, cuando un inversor analiza una startup en fases iniciales apenas existen datos financieros fiables. No hay históricos consolidados, beneficios recurrentes ni activos relevantes que permitan valorar el negocio de forma tradicional.
Lo que realmente se evalúa es al equipo fundador.
Para Alonso Gallo, la competencia técnica es imprescindible, pero existe un factor aún más importante: la calidad humana.
Durante años ha desarrollado una regla personal muy sencilla. No invierte en personas que considera malas personas.
La forma de tratar a los demás, el respeto hacia colaboradores, empleados o proveedores y el comportamiento cotidiano ofrecen información mucho más valiosa que cualquier presentación financiera.
Los conocimientos pueden adquirirse. La integridad resulta mucho más difícil de construir.
Liderar para que las personas crezcan
La conversación también abordó la gestión de equipos y el papel de los líderes dentro de las organizaciones.
Para Alonso Gallo, el verdadero trabajo de un responsable consiste en ayudar a que las personas desarrollen su mejor versión.
No cree en modelos basados en el control excesivo ni en enfoques idealizados alejados de la realidad empresarial. Defiende un liderazgo equilibrado donde exista una visión compartida, objetivos claros y un entorno donde las personas puedan trabajar con motivación y sentido.
Esta reflexión conecta directamente con uno de los grandes desafíos actuales: el incremento del absentismo laboral.
A su juicio, resulta difícil construir organizaciones sostenibles cuando millones de personas acuden al trabajo sin compromiso ni bienestar. Las empresas necesitan generar contextos donde las personas quieran contribuir, crecer y aportar valor.
Una experiencia que cambió su forma de ver la vida
Uno de los momentos más personales de la entrevista llegó cuando habló sobre una experiencia extrema que transformó profundamente su perspectiva.
Tras atravesar un grave problema de salud que le llevó a estar clínicamente muerto en varias ocasiones durante un periodo de trece días, Alonso Gallo afirma que su relación con la vida cambió por completo.
Aunque ya disfrutaba intensamente de cada experiencia, asegura que después de aquel episodio aprendió a valorar todavía más el tiempo, las relaciones y las oportunidades.
La experiencia reforzó una idea que hoy guía muchas de sus decisiones: vivir con intensidad y aprovechar plenamente cada etapa.
Qué significa una carrera profesional bien vivida
Al final de la conversación, Jesús Alonso Gallo ofreció una definición especialmente humana del éxito profesional.
Para él, una carrera bien vivida no se mide por las empresas creadas, las inversiones realizadas o el patrimonio acumulado.
El verdadero indicador se encuentra en la huella que una persona deja en quienes le rodean.
Cuando antiguos compañeros, colaboradores o empleados recuerdan a alguien como una persona que les ayudó a crecer, aprender y desarrollarse, existe una señal clara de que esa trayectoria ha tenido sentido.
Desde esta perspectiva, el éxito profesional deja de ser una cuestión exclusivamente económica para convertirse en una cuestión de impacto humano.
Una visión coherente con la principal lección que ha extraído después de décadas creando empresas e invirtiendo en emprendedores: los negocios pueden cambiar, los mercados evolucionan y las tecnologías se transforman, pero las personas siguen siendo el activo más importante de cualquier proyecto.



































