En el episodio de Tinku Emprendedores, Beatriz Martín Polo conversa con Marcos Cortecero, CEO de Sepia Creativa, sobre una herramienta que muchos asocian con la infancia, pero que puede revolucionar el mundo del emprendimiento: la gamificación. Lejos de ser un simple entretenimiento, el juego tiene la capacidad de fidelizar, motivar y convertir a los clientes en protagonistas de sus propias historias.
De la infancia a la empresa: una historia personal
Marcos confiesa que los juegos, especialmente los videojuegos, le salvaron la vida. En un entorno complejo dentro y fuera de casa, el acto de jugar fue su refugio, una actividad donde podía ser él mismo. Esta vivencia personal marcó profundamente su visión sobre el potencial de los juegos más allá del ocio. Convertir esa experiencia en una herramienta empresarial fue su forma de transformar el dolor en propósito.
La motivación como motor del cambio
Una de las claves del pensamiento de Cortecero es que los juegos tienen la capacidad de activar la motivación. En sus palabras, el juego empuja a hacer aquello que el cerebro nos suele pedir que evitemos: gastar energía, correr riesgos, esforzarse. Y justamente ahí radica su poder: utilizar ese impulso para que los clientes terminen un curso online, compren un producto o participen activamente en una comunidad.
¿Cómo se aplica la gamificación en negocios digitales?
Lejos de limitarse a juegos visuales o mecánicos, la propuesta de Sepia Creativa es más profunda. Marcos plantea que en lugar de presentar los cursos como simples módulos, se puede invitar a los alumnos a vivir una experiencia: elegir un personaje que los acompañe, recibir recompensas simbólicas por avanzar y sentirse parte de una narrativa. El cambio, asegura, no solo es en la forma, sino en el fondo: el alumno ya no es un número, es un protagonista.
Automatizar la motivación sin perder el alma
Uno de los avances más innovadores en la propuesta de Cortecero es la integración de inteligencia artificial en los sistemas de gamificación. A través de personajes orientadores –no bots genéricos– se busca ofrecer acompañamiento, no respuestas automatizadas. Para Marcos, la diferencia radica en humanizar la IA, en convertirla en una figura empática que entienda frustraciones y guíe sin invadir.
La gamificación va más allá de la educación
Aunque su empresa comenzó enfocada en aulas virtuales, Cortecero asegura que la gamificación se puede aplicar en cualquier negocio que tenga un proceso. Desde consultorías y eventos hasta e-commerce, cualquier recorrido del cliente puede transformarse en una experiencia dinámica si se estructura correctamente una historia y unos objetivos. “Si hay un proceso, se puede gamificar”, afirma con rotundidad.
Errores comunes al implementar la gamificación
El mayor error que detecta Marcos es pensar que gamificar es simplemente añadir puntos, rankings y recompensas. Esto puede tener un efecto contraproducente. Un ejemplo claro fue un experimento en Manchester, donde al premiar la lectura con puntos, los niños dejaron de disfrutarla. El aprendizaje: si se pierde el propósito y la conexión emocional, la motivación se desmorona cuando desaparece la recompensa.
El juego como camino hacia la autenticidad
En palabras de Cortecero, una de las pocas ocasiones donde realmente somos nosotros mismos es cuando jugamos. En esos momentos aflora la autenticidad, la competitividad, la creatividad y la espontaneidad. Esa es la esencia que convierte al juego en una herramienta tan poderosa: logra conectar con lo más profundo del ser humano, y al hacerlo, crea lazos reales y memorables entre marca y cliente.



































